La Misión en palabras
Protagonistas
Elegí ser parte de la misión Salta principalmente por las experiencias que contaba mi hermano y compañeros que ya habían viajado. Una vez que empecé a asistir a las reuniones y ver todo el compromiso y organización del grupo, no lo dudé. Juntarnos todos los fines de semana para preparar los juegos, la venta de rifas, pedir juguetes en las aulas de primaria para después revisarlos y limpiarlos uno por uno no hacía más que generarme el deseo de ya estar ahí. Me acuerdo que el primer día en Copo Quile me tocaba hacer la canción de “El alacrán”. Sinceramente estaba muy nervioso por cómo saldría, pero cuando vi a todos los nenes siguiéndola y divirtiéndose, fue un momento muy lindo. Al próximo día, en Rosario de la Frontera, unos nenes de jardín me vinieron a abrazar y, desde ese momento, ¡creo que me adoptaron! Compartí con ellos juegos, almuerzos y sobre todo el sentimiento mas lindo de hacerlos sonreír. La misión Salta para mi fue la semana mas linda de mi vida, donde el principal objetivo era sacarle una sonrisa a los nenes. Debo admitir que me arrepiento mucho de no haber viajado antes y no puedo aguantar mas las ganas por volver.
Para mí la misión fue un antes y un despues en mi vida creo que después de ver la realidad de otras personas uno empieza a valorar mucho más lo que tiene y quejarse menos por lo que no tiene . me acuerdo cuando fui a la primera reunión donde Fer contaba lo que íbamos a vivir y nos decía "una vez que se suban al micro no van a querer bajarse " sabías palabras lo que no nos contaban era que íbamos a recibir mucho más que lo que dábamos y multiplicado con gestos que llenan el alma y hacen sentir en familia y es que después de tantos años es lo que somos una familia no queda duda . poder seguir con la misión de otra manera pero seguir es muy importante para nosotros y para esos chicos que nos esperan todo el año es que la misión no es algo que se pueda explicar fácil la única manera de entenderlo es vivirlo.
La misión a salta fue la primera en la que participe viajando y en la que pude ver con mis propios ojos como tomaba forma todo el trabajo que habíamos estado haciendo a lo largo del año con la preparación de los juegos, los juguetes y la obra de teatro. Fue una experiencia extraña porque era el primer viaje que realizaba con la escuela, pero ya sin formar parte del alumnado. Sentimientos encontrados entre viajar con un grupo grande de gente que no conocía (solo tenia afinidad con el enano) pero continuar siendo parte de un proyecto del colegio. Lo primero que recuerdo y que me quedo grabado en la cabeza fue el llegar a copo quile y que al bajar del micro una de las nenas de la escuela se acercara con los brazos abiertos a Diego Vazquez al grito de “PEPOOOOON”. El año anterior en 2010 Diego había ido disfrazado de payaso y la nena todavía lo recordaba. Creo que ahí empecé a caer de a poco en que lo que estábamos haciendo no era algo de un par de días y nada más, sino un proyecto enserio, a largo plazo para formar un vínculo con un grupo de chicos que necesitaban afecto, atención y divertirse. Eso me recuerda a una frase que nos dijo Fer cuando empezaba el proyecto en 2010: “Con esto que estamos haciendo ahora estamos plantando una semilla que con el tiempo se va a convertir en un árbol”. No quiero ser obsecuente ni chupamedias, pero creo que fue una de las experiencias más gratificantes que haya vivido. Me acuerdo de llegar a casa y contarles a mis viejos entre lágrimas todo lo que habíamos visto, lo que habíamos vivido bastante angustiado, pero con la certeza de que al año siguiente iba a volver como fuera. Creo que la misión a salta es una de esas experiencias que te marcan en la vida y en cierta forma fue moldeando la clase de persona que soy hoy.
Bueno, empiezo. Mi nombre es Bruno Postigo. Mi primera misión fue en el año 2016. Recuerdo tener 18 años y haber querido ir a varias misiones anteriores, pero no había podido. En mi último año de secundaria tuve la oportunidad de ser parte de ese lindo grupo que, con mucho amor y alegría, logró cumplir una vez más la misión: hacer que los días de muchos niños y niñas fueran inolvidables, sin pensar que ellos también harían los nuestros únicos. Aún guardo cada sonrisa de ese viaje en mi corazón. Un viaje que, sin duda, genera un antes y un después en cada persona; nadie vuelve igual de como fue a Salta. Uno va lleno de ilusión, con ganas de ayudar, pero no sabe que todo ese amor que uno da vuelve multiplicado, porque uno se va lleno. Más allá de la tristeza que uno siente al despedirse de cada uno de esos niños, la huella que nosotros dejamos en ellos, y la que ellos dejan en nosotros, es una huella para toda la vida. En mis peores momentos recordaba a cada uno de esos chicos y una sonrisa se dibujaba inmediatamente en mi cara, porque recordaba lo felices que habían sido durante esos días, las cosas lindas que nos decían, los abrazos y las lágrimas pidiéndonos que no nos fuéramos. Todo eso uno lo guarda en el corazón por la eternidad. Por eso cada misión es única y cada una deja su huella particular, tanto en el camino de esos niños como en el nuestro. Año a año nos esperaban como si fuéramos los Reyes Magos y Papá Noel juntos, y esa ilusión de cada uno de ellos era el combustible que motivaba a este grupo de locos que solo quería llevar sonrisas y amor donde más falta hacía. Mi última misión fue en 2024, y fui con las mismas ganas y la misma ilusión que en la primera, con la diferencia de que esta vez fui disfrazado de Hombre Araña, jaja. Lo loco y lindo que reflexioné en ese momento fue que no importa si llevabas un disfraz de superhéroe: para esos chicos, todo aquel que bajaba del micro ya era un superhéroe, y representar eso para ellos no tiene precio.
Primera misión y primera vez en otra provincia con 16 años. Muchas incertidumbres y miedos. Pero de algo estaba segura: sabía que eso me iba a cambiar la forma de ver y sentir. Así fue. Salta me cambió por completo. Conocí otra realidad distinta a la mia, a la de mis compañeros. En la ciudad de Rosario de la Frontera, había chicos que tenían nuestro mismo uniforme, pero con realidades totalmente distintas. Tenía muchas ganas de experimentar eso de lo que tanto se hablaba en Cristo Obrero... "cuando llegues a 4to, podés ir a Salta", "no se puede explicar, hay que vivirlo" se escuchaba por los pasillos. Y asi fue. Con un grupo de amigas nos animamos y probamos. ¡Qué alegría haberme animado! No pude ni quise bajarme nunca más de ese proyecto TAN hermoso que lidera una persona con un corazón tan grande y con una cabeza que tenía (y aun tiene) Salta los 365 días en su cabeza. Como dice Drexler, nada se pierde, todo se transforma... Septiembre, octubre, y quien sabe qué otros meses, siempre serán meses de Salta!!!!
Esa fue en la misión 2017 estábamos todos cantando y saltando porque vino la peña y de la nada se me subió a cucurucho como dirían los nenes de salta .. gran recuerdo, Con el que entro x la ventana faltaría ahi , siempre me recuerda por eso que dije en la primer misión jajaj